custom counter
Reflexiones | Dudas y Dificultades del Español
Browsing the archives for the Reflexiones category.

¿Cuál es el futuro de nuestra lengua?

Reflexiones

Este volante se distribuye en algunas cafeterías de Guatemala. ¿Cuántas palabras en español ve?

1 Comment

Sobre la evolución de la lengua

Reflexiones

Muchas personas sostienen que, puesto que la lengua evoluciona, no hay criterio absoluto para definir la corrección o incorrección idiomática. Lo que hoy es incorrecto, dicen, será correcto dentro de un siglo. Al respecto, copio un texto de don Fernando Lázaro Carreter en El Dardo en la Palabra:

Una lengua se construye por la acción de dos tensiones: la de quienes, dueños de contenidos mentales más ricos, pugnan por plasmar en ella esa riqueza y por hacerla más capaz de establecer diferencias y matices, y la de quienes solo precisan recursos elementales, por inculpable falta de necesidad, o por ignorancia culpable.

Ente esas dos tensiones, el idioma va recorriendo su historia; juntas ambas, constituyen el uso. Pensar que el uso es solo la tensión reductora, espontánea y plebeya, supone tanto como pensar que es más natural –siempre parece así lo espontáneo– no cepillarse los dientes. Se manifiesta un rousseaunianismo infantil cuando se privilegia lo vulgar frente a lo elaborado, y cuando se defiende que un código elemental es tan respetable, o más aún, que otro de mayor complejidad y riqueza, con una oferta superior de posibilidades expresivas para diferenciar lo que es distinto.

Me advierte un mozo en La Vanguardia que «la lengua es un elemento vivo que debe evolucionar», y que si no, «en este país hablaríamos latín». Gran lección de este escolar (¿sería catastrófico que aún hablásemos latín?), con argumentos de adolescente. Pues claro que los idiomas cambian, pero impulsados por aquellas dos fuerzas. Y ¿qué ocurre cuando la trivializadora se impone? Sucedió, con la ruina del latín, la gran noche de Occidente, durante la cual se rompió la gran lengua, y emergieron unos idiomas rudos. Para convertirlos en grandes lenguas también, sus mejores hablantes tuvieron que volver a la tutela clásica, a Cicerón y a Quintiliano, esto es, a dotarlas de nuevas normas cultas, en gran medida a imitación de la latina. ¿O es que se cree que la prosa de Fray Luis, Cervantes y Quevedo, o la de nuestros contemporáneos máximos, ha salido del laxismo (que es forma refinada de denominar el pasotismo)?

Si nuestra lengua existe como lengua de cultura se debe a los recursos que le aportaron los mejores, elevados por el consenso a norma, difundida tradicionalmente por la escuela. La lucha contra la dejadez y el que más da forma parte del vivir de toda lengua, y renunciar a ella implica abdicar del progreso. Porque no todo cambio constituye avance: puede depauperar. El que una cosa se diga mal y muchos lo hagan, solo significa que allí hay un fallo individual o colectivo de instrucción; denunciarlo resulta higiénico y, si se impone, a la fuerza ahorcan. Pero si, además, su triunfo entraña una pérdida de poder distintivo, hay que lamentarlo. Y no por el idioma, sino porque la mente colectiva ha perdido la posibilidad de individualizar un concepto: se ha hecho más roma. A la inversa, sean bien venidos, de donde sean, todos los neologismos o solecismos o «errores» que aumentan el conocimiento o la aptitud diferenciadora de los hablantes.

En modo alguno son disculpables los fallos por incompetencia, como no sea accidental u momentánea –¿quién está libre?–, de aquellos que no debieran tenerla. Ni la praxis los exonera. Lo dijo Jorge Guillén, prócer de la exactitud: «El hombre atropellado, es decir, el hombre grosero, no tiene tiempo de pararse a buscar la palabra propia… Dirigiéndose al fin a toda máquina, se topa con la barbarie»

(Fernando Lázaro Carreter, El Dardo en la Palabra, Random House Mondadori, Madrid, 2003, pp. 450-451)

No Comments