La semana pasada leí una noticia en el periódico que me llamó la atención. Digo que me llamó la atención porque utilizaba una palabra que yo no había visto adaptada a nuestro idioma: baipás.
La noticia se refería, obviamente, a ese invento que se usa en las operaciones del corazón para desviar la sangre y facilitar la circulación. El nombre original es “bypass”, en inglés, pero como no existía una palabra en castellano que sirviera para designar el mismo artilugio, la Academia ha aceptado su castellanización: “baipás”. (Por cierto, en la noticia decía “baipas”, sin tilde.)

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